CAPITULO 5 - La herida del silencio




El sol se estaba apagando y la noche no tardaria en caer...

La parte física de Bregor decidió levantarse, todavía abombado por lo que había sucedido. Se acercó a su caballo, lo montó y decidió encarar hacia el sur, procurando alcanzar a Idril.

Realmente, necesitaba compaña, aunque no pudiera comunicarse.Sin embargo, nadie podría entender la confusión que tenía adentro. ¿Qué era ese demonio que salió de su interior? ¿Cómo se dejó llevar por la furia de esa manera? ¿Qué significaba eso?Sin duda, Manwë lo tendría ya en pésima estima. Bregor no se consideraba digno de la mirada de su Dios, sobre todo después de la ruptura dos veces consecutivas del juramento.

En Loroliel estaba su destino, su camino. Sin embargo, las palabras de Salomón pesaban como una piedra sobre él: "El destino no es individual". Mientras el viento le golpeaba el rostro, lágrimas de ira, duda y confusión llenaban su rostro.

El eterno caminante, nunca antes necesitó tanto una brújula.

El monje montado a su caballo siguió hacia el sur. El caballo se encontraba agotado y avanzaba cada ves mas pausado. Idril no aparecía a la vista por lo que daba a sospechar de que estaba demasiado alejado o había tomado otro camino.

La noche llegó y solo quedaba descansar en el descampado bajo las estrellas.

Los ojos de Bregor se cerraron como dos pesadas piedras...

Una marca apareció frente a él. Esa extraña marca que la noche anterior se dibujó en sus sueños. Pertenecía a este plano, el de los sueños, pero sin embargo le era tan familiar como alejada en el mundo real.

De repente sintió algo detrás de él, la espalda le dolía, la cicatriz le sangraba. Bregor se giró y vio el caballo blanco de Absalon con el caballero montado y su espada brillando en en la oscuridad. Sobre este se hallaba Loroliel quien estaba inconsciente sostenida como una recompensa por el Caballero quien con los ojos fijos y una mirada desquiciada apuntaba directo a la herida de la espalda de Bregor que mas y mas le dolía.

Bregor estaba paralizado, el dolor era insoportable y estaba totalmente impotente ante Absalon quien se acercaba mas y mas.

El rostro de Absalon se transformó en el rostro de otra persona... era el rostro de su padre... pero rápidamente la mueca de este cambio a la de alguien mas... alguien desconocido. Un hombre con pelo largo y negro, una barba también larga y totalmente opaca... la espada brillante se transformó en una espada ensangrentada y este sujeto sostenía en sus brazos el cuerpo gris y sin vida de Loroliel

La marca que Bregor había visto antes aparecía en el pecho de ese sujeto, una marca dolorosa...

Bregor grito de dolor mas que nunca pues esta ves era mas intenso, parecía que su cuerpo iba a quebrarse en dos.

El sujeto de cabellos negros largos le dijo con una vos grabe y corrosiva:

- Me perteneces.

El cuerpo de Bregor comenzó a destriparse y a desangrar por la espalda. Los ojos le lloraban sangre y la negrura del bocio lo envolvió.

- Haaaa !

El sol había salido y Bregor abrió los ojos... vio el pasto con sangre coagulada... era su sangre.

Se sentía debil... su cuerpo cada ves le respondía menos... y la espalda... la espalda era el mismísimo dolor que cargar.

A sabiendas de que este era el castigo de Manwë por sus faltas, Bregor cargó su dolor con determinación. Sin embargo, mientras trataba sanar sus heridas, le pareció intrigante quién sería ese sujeto a quien le pertenecía. Algo era seguro: al menos podía ponerle rostro al causante de sus pesadillas. Comprobando que el caballo estuviera en su lugar, Bregor, mientars comía una de las raciones que le quedaban -después de todo, parecía que ese sería un día infinitamente largo y doloroso y realmente necesitaba tener energías para afronarlo- intentó averiguar dónde estaba, y encontrar alguna señal de sus amigos.

El camino hacia el sur era extenso, aparentemente en las cercanías solo se podia ver mas llanura... aunque algo, bastante lejos del camino, se movía... era en direccion sur pero no seguia el recorrido establecido.

Haciendo acopio de sus fuerzas, decidió montar en dirección a lo que se veía en el horizonte, esperando que fuera Idril. De todas formas, el sur era su camino.

El caballo arrimo su galope a velocidad y se dirigió hacia lo lejos para llegar ante lo que creia podría ser Idril.

A unos cuantos metros, cerca de su objetivo, Bregor vió que no se trataba de Idril... o tal vez si... lo que vió era una persona montada en un caballo color marron aunque poco se le veia la piel al igual que su domador estaba tapada con una capa opaca que le cubria la cabeza y el cuerpo. El caballo se detuvo al notar la presencia de Bregor a sus espaldas y se giró levemente fijando sus penetrantes ojos ante el monje. No le dijo nada, solo se quedo alli mirandolo fijamente.

Al ver ese panorama, Bregor se acercó con cautela. A medida qeu se acercaba a la figura, Bregor intentaba divisar algún signo distintivo en la figura y en el caballo, a la vez que prestaba atención a sus alrededores en sospecha de una trampa.

El sujeto encapuchado seguía tieso en su caballo tapado. Bregor se acercaba desconfiado y logró concentrarse en el único sector descubierto que pudo divisar. Se trataba de alguien con ojos claros muy intensos y en eso logró ver su cabello a partir de un ligero mchon... era de color rojo.

A su alrededor nadie mas parecía estar... solo el extraño sujeto y Bregor. El silencio era abrumador y solo el viento interrumpia el vacio de sonido.

Bregor decidió acercarse hacia el sujeto, con las palmas hacia adelante en actitud pasiva, demostrando intenciones de no lastimarlo.

Los ojos verdes del sujeto estaban fijos en los movimientos del monje, parecía observar cada detalle... aun no decia nada... solo le miraba. Bregor sabía que su postura podia tratarse de alguien totalmente a la defensiva. Solo unos pocos metros separaban a ambos.

Aprovechando que el sujeto tenía la vista clavada en él, intentó gesticular de forma tal de dar a entender que no podía hablar. En caso de que no reaccionase, le escribiría un papel en el que diga:

"Necesito direcciones, podría ayudarme?"

Una voz se escucho proveniente del sujeto:

- Hacia donde te diriges, hombre sin voz?

La voz parecía no ser tan grabe como imaginaba Bregor.

Bregor, dándole a entender que no haría nada que lo pueda dañar, buscó en su mochila el pergamino y la carbonilla y escribió:

"Necesito ayuda: estoy perdido y lastimado, ¿puede indicarme dónde está la ciudad más cercana?".

Un silencio se mantuvo nuevamente hasta que el sujeto sacó algo de su mochila, parecía un frasco y se lo arrojó para que Bregor lo tomase.

Pensando para si mismo si tomarlo o no, lo observó para ver qué parecía ser. A pesar de estar casi perdido, no podía ser tan incauto.

El monje desconfió unos momentos mirando fijamente al sujeto quien parecía absolutamente serio y con la mirada fija pero sin inmutarse ante la reacción de Bregor.

Jugado, Bregor decidió tomar la poción, preparándose para lo peor. Dado que sus heridas no mejoraban, no le quedaba otra alternativa más que confiar en el sujeto. Si era la voluntad de Manwë perdonarlo por sus errores, él no permitiría que le pase nada.

Las heridas de bregor comenzaban a cicatrizar y el dolor casi habia desaparecido quedando solamente una ligera molestia.

El efecto no se hizo esperar...
El caballo del sujeto de la túnica comenzó a retomar el andar hacia el sur dandole la espalda al monje. Al parecer, el sujeto tampoco hablaba demasiado aunque no por un voto de silencio.

Sin dudar, Bregor se decidió a seguirlo, no en forma oculta, sino asumiendo que con su andar lo estaba guiando a él.

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El caballo del extraño se dirigía hacia el sur, alejandose cada vez mas del camino delineado entre las planicies hasta perderse de vista. El galope dle caballo se hacia mas intenso aunque Bregor podía seguirlo tranquilamente, del silencio y la poca comunicacion verbal sobresalia una especie de entendimiento de que el jinete de la tunica bordó entendía que le seguian aceptando eso al mismo tiempo que el monje de capucha blanca aceptaba seguirle.

Un gran margen de tiempo hizo pasar el dia hasta que el sol ya se mantenía casi perpendicular a la tierra alumbrando absolutamente todo.

Los caballos, tanto del sujeto de tunica bordó como de Bregor, estaban algo agotados... un pequeño arrollito se divisaba cerca y el sujeto comenzo a detener su andar hacia el arroyo. Sacó su mochila y le dió algo de comer al caballo mientras este tomaba agua. Se paro un momento bajo la montura y comenzo a divisar el paisaje como si buscase algo.

Bregor, luego de bajar del caballo y asegurarse de atarlo bien -y de que estuviera bien-, se acercó al individuo, intentando ver qué podía haber en el horizonte (1). Por otra parte, le escribió: "Te agradezco infinitamente lo que hiciste. ¿Qué fue lo que me diste?".

El sujeto cargó la cantimplora en el agua mientras le dijo con vos muy suave y casi inescuchable:

- Era una pocima de curación. La necesitabas mas que yo.

Terminó de cargar y dijo mirando a Bregor entre ojos:

- Quien te ha herido, moje?

Bregor se encoje de hombros, sonríe con gesto sombrío y escribe: "En cierta forma, nadie... o yo mismo, depende de cómo lo quieras ver. Perdona si te abrumo con preguntas, no es mi intención ser descortés, pero ¿a dónde estamos yendo? ¿hay una arboleda cerca?".

El sujeto silenció nuevamente. Abrió la cantimplora y le dió la espalda a Bregor mientras tomaba. Aun de espaldas le dijo friamente:

- Por qué me sigues?

Una vez más, Bregor respondió por escrito: "Asumí que me estabas guiando. Si cometí un error, como ya te dije, te pido indicaciones y no te molestaré más, estando con eterna gratitud por tu ayuda".

El sujeto se acomoda la tunica en el rostro y mira fijamente al monje:

- O eres muy bueno o eres muy estupido. Como sea, me debes una. Yo estoy buscando un lugar... se que está cerca. Tu que buscas?

"Puede que ambas. En cualquier caso, en ningún momento me dejaste entrever una negativa a que te siga... estoy buscando una arboleda élfica que tengo entendido esta hacia el sur. Tú qué buscas?"

El sujeto le miró fijamente y le dijo con su extraña voz:

- Hacia que parte del sur?

"Excelente pregunta..."Mientras escribía, Bregor pensó en ese pequeño inconveniente. Hasta ese entonces, nunca se había planteado con seriedad a dónde se dirigía. Sabía que debía buscar a Loroliel, y sabía que ella y Absalon se habían perdido hacia el sur, pero... ¿algo de eso tenía sentido? ¿Ganaría algo dirigiéndose hacia la arboleda élfica? Por lo pronto, era la única opción que tenía.

"No lo sé con exactitud. Como te dije, sólo sé que está hacia el sur, y hacia el sur iba".

El sujeto aun en silencio miro hacia el sur y luego volvio la mirada al monje:

- Dime, por qué vas hacia alli?

Cayendo en la cuenta de un pequeño detalle, Bregor sonríe francamente, le extiende la mano y le escribe:

"Primero sería, por lo menos cordial, que nos dijeramos nuestros nombres, no es así? Mi nombre es Bregor".


El sujeto silenció... su voz segía siendo seria y en todo momento se mostraba con frialdad ante el monje. Solo le respondió:

- Bregor, no se quíen eres ni que buscas exactamente. Si me explicas para que pretendes ir hacia ese lugar tal pueda ser mas cordial contigo y decirte mi nombre.

Bregor sintió como un chispazo en su cabeza: había entendido todo. Apresurado, y sospechando que el individuo era, en efecto, un elfo que venía desde allí, escribió:

"Voy en busca de respuestas. Una muchacha de dicha arboleda salió en busca de ayuda, pero ahora está en peligro, y necesito que me ayuden a encontrarla".

Bregor sabía que en la arboleda eran reticentes a abrirse a extraños, pero no tenía otra opción. Tal vez ese sujeto, si era lo que el esperaba, pudiera ser un canal de entrada.

- Estamos cerca del lugar, cerca del gran lago es donde queda el bosque de los elfos. Yo soy Lilandra.

La extraña voz que no era grabe y que tapaba el mantó bordo Bregor por fin dedujo que no se trataba de un hombre sino de una mujer. Yn ese momento se subió a su caballo y le dijo:

- Escribeme mas al respecto, monje, pues me gustaria saber mas detalles al respecto. Pues si es quien yo creo que es tal vez haya una forma de ayudarte.

Con fervor y alegría en iguales partes, Bregor escribió:

"La muchacha se llama Loroliel. Fue a buscar a Absalon para pedirle ayuda, no sé por qué motivo. Tengo entendido que él es tenido en estima como un gran guerrero, lo cual probó ser una gran mentira. Ahora él la está persiguiendo. Yo venía con un grupo de tres integrantes más, que tal vez hayas visto en distintos caminos. Sólo me interesa encontrarla y asegurarme de que esté bien, y a salvo de ese ser siniestro".

- Absalon has dicho !? Y por que secuestraría a la elfa?

Lilandra pareció ponerse tensa al escuchar ese nombre.

"Desearía saberlo. En realidad, sé muy poco sobre las intenciones de Loroliel con él. Qué sabes de Absalon? Lilandra, podrás ayudarme?".

Lilandra asiente:

- Si, sé que es un maldito y traidor sujeto. Aun muy fuerte... de todas formas si lo tuviese frente a mi lo aniquilaría.

Se notaba un gran odio en las palabras de Lilandra. Comenzó a hacer marchar su caballo y le dijo a Bregor:

- El lago queda al norte de Lubar por este camino y en las cercanías se encuentra el bosque. Dime algo mas... esa muchacha, Loroliel, llevaba consigo una entrada al bosque? Dudo que te haya mencionado algo al respecto pero es muy importante que me digas si ella tenia consigo la entrada. Por que si es así, si Absalon tuviese esa entrada entonces ya es demasiado tarde...

Bregor se subió al caballo y le acercó el papel que decía: "No recuerdo que me haya mencionado nada. Puede que tenga que ver con este símbolo?

Lilandra mira el símbolo y le dice mirandole fijamente con sus ojos verdes intensos:

- Si... ese mismo.

"Por lo que sé, sea lo que sea ese objeto, está en Andurant, ciudad al norte de aquí. Sé quién es la persona que lo tiene. Quieres que volvamos a buscarlo? No sé qué sea con exactitud, eso sí".

Lilandra miró a Bregor fijamente:

- Tenemos que ir por ese objeto. Dime, a quien se lo dió y por que?

Pregunto eso mientras amarreaba a su caballo y lo giraba hacia el norte.

Imitando los gestos, Bregor encaró su caballo hacia el norte, y le escribió un largo papel:

"A quién se lo dio, no sé quién es: sé donde está. Es una señora mayor, conozco donde está su casa. Y por qué... fue para que el grupo en el que estaba pudiera vestirse. Ahora, cuando galopemos, no podré escribirte más, por obvios motivos. Te pido, si eres tan gentil, que me expliques cuál es la situación de la arboleda, y el por qué de tu odio a Absalon".

- Le entregó la entrada a una anciana, dices? Solo por ropa? O esa elfa es muy idiota o es muy buena... aunque eso nos da una oportunidad.
Respecto a Absalon solo te dire esto... ese sujeto ha matado gente inocente y merece pagar por eso. Nunca entendí por que los sabios elfos confiarían en alguien así... pues incluso tu te has dado cuenta que es un maldito con solo verlo.
Vamos hacia Andurant de una vez... mi caballo es lo bastante rapido... que me dices del tuyo?

Bregor se encogió de hombros, en claro signo de no tener idea. Por lo pronto, se encontraba feliz. Se ve que Manwë, de alguna u otra manera, confiaba en él. Le indicó el camino a Lilandra, y arrancó hacia Andurant.

El caballo de Lilandra era mucho mas rápido que el de Bregor, aunque ella le esperaba aminorando la marcha.

La noche llegó y los caballos estaban agotados... Ambos pararon en la planicie y ataron a los caballos. La mirada fria de Lilandra observaba el cielo estrellado de Faraday y luego sacó un par de raciones de su equipaje. Y miró al monje con esos ojos verdes fijos y serios:

- Como estas de la espalda?..

Bregor, sorprendido de que supiera de su dolor pero a la vez conciente de que le debía cierta gratitud, le entregó con una sonrisa de complicidad un papel que decía lo siguiente:

"Supongo que mejor. Pero estas heridas no sanarán fácilmente... aunque supongo que no te estoy diciendo nada que no sepas".

De alguna u otra manera, Bregor se sentía un poco mejor espiritualmente. Nada como estar acompañado por alguien que no hace preguntas innecesarias ni se molesta en decir palabras vanas.

Lilandra le ofreció algo de su comida, era una especie de pan salado y algunos frutos rececos.

- Toma, esto te dará energías.

Bregor notaba que la mujer era muy Bella cada vez que se sacaba el mando de su rostro y dejaba ver una cabellara rojiza. Aunque se notaba que no era de pensar en su aspecto ni su belleza pues su frialdad le discimulaba el encanto que podria tener.
No dijo mucho mas, pues no hablaba demasiado... se notaba que constantemente pensaba por dentro pero por fuera la seriedad era hasta intimidante.

Comiendo un poco de la comida élfica, Bregor escribió un nuevo mensaje a su compañera de viaje:

"La próxima comida invito yo, es lo que corresponde. Ahora, si no te molesta la pregunta... ¿Qué es lo que está sucediendo? Me siento envuelto en una serie de acontecimientos que no alcanzo a comprender".

Ella le miró fijamente y le dijo:

- Para ser alguien que no habla necesitas comunicarte demasiado...

Silenció nuevamente y luego le dijo:

- Mira, no se de que bando estas tu por lo que no quiero involucrarte, tampoco es que me interese demasiado. Solo te diré que es fundamental detener a Absalon y a sus aliados por el bien de esta tierra. Sé que a ti no te cae bien ese sujeto. Eso es suficiente para mi.

Bregor sonrío torvamente, como diciendo

"como gustes".

Por lo pronto, tenía algún lugar adonde ir... y parecía que se había encontrado con la horma de su zapato.Aunque nunca podría entender su desesperación por encontrarle un sentido a su vida.Así fue como terminó de comer, y esperó a que Lilandra termine para volver a la ruta.

En ese momento Bregor agudizó su oido y escuchó que algo se acercaba... en los matorrales parecía haber alguien... Lilandra miró fijamente a Bregor, al parecer ella tambien habia escuchado algo y lentamente dejó la comida en el suelo.

Siendo que Bregor no tenía forma alguna de esconderse, decidió tomar él mismo la iniciativa. Indicándole con gestos a Lilandra que estuviera atenta, decidió acercarse sigilosamente hasta los matorrales y actuar él primero, acercándose a lo que fuera que acechara.

Bregor se acercó a los matorrales y eso escucho un sonido de algo que se movía dentro de esos arbustos... la noche seguía sin dejarle ver perfectamente aunque alguien o algo estaba alli escondido en lso matorrales...

Comprobando la distancia, Bregor decidió armarse de valor y arrojarse sobre lo que sea que estuviese acechando, con la intención de inmovilizarlo.

Bregor se lanzó hacia lso arbutos y tomo una pequeña figura de entre los matorrales se trataba de una pequeña ardilla que intentaba salirse, ante la sorpresa de Bregor, la pequeña ardilla mordió la mano del monje escapandose hacia un arbol cercano.

Una pequeña risa se escuchó desde Lilandra, Bregor la vió sonreir y pudo comprovar que era mas hermosa de lo que se imaginaba, se notaba que no era algo común en ella sonreir y como si la risa fuese algo de lo que ella no se dió cuenta procuro ponerse seria nuevamente y se paró:

- Será mejor pasar la noche aquí pues los caballos estan cansados, maña temprano seguiremos camino. No creo que nadie nos moleste, pues no hay nada cerca... a no ser que esa ardilla quiera vengarse.

Sonrio levemente y se giró dandole la espalda a Bregor mientras tomaba algunas cosas para recostarse en el pasto.

Bregor sonrío también, con bastante franqueza. Luego de comprobar cuán profundos podían ser los mordiscos de los roedores, volvió a acercarse a la zona donde estaban los caballos. Pensó sin embargo que eso podía ser sólo un aviso y que no debía confiarse.

Por eso fue que dejó que Lilandra durmiera, mientras él se sumió en sus pensamientos.¿Cuánto hacía que no se reía con libertad? ¿Qué era su voz, para qué le servía? A pesar de conocerla hace menos de unas horas, Bregor no podía evitar preguntarse sobre el por qué la no conversación como un posible vínculo. ¿De qué servían las palabras, si sólo separaban? Los actos de los hombres son los que unen, no sus dichos. Sin embargo... algo en su interior seguía brotando.

Será que tal vez no podía aún exorcizar al demonio que tenía adentro, que pugnaba por salir cada vez que él hablaba. Tal vez no había nacido para ello, sencillamente. Pero tuvo que reconocer que escuchar su voz aquella noche en la cabalgata huyendo de Doroteh, por primera vez en más de una década, fue por parte extraño y por parte comfortable.

Tal vez llegaría el día en que no necesitara de signos para entenderse con alguien y pudiera fusionarse plenamente. Mientras tanto, mientras esa perfección no llegara, se manejaría de la forma que pudiera.

Bregor asi se quedó algunas horas despierto contemplando las estrellas de Faraday mientras Lilandra dormía. Ella estaba tapada tanto en su cuerpo como con la túnica.

El sueño comenzó a abrigar el cuerpo de Bregor, los ojos se le cerraban y este los abría repentinamente pues la noche era demasiado tranquila. La tension de Bregor poco a poco se le fué pues nada parecía interrumpir el silencio.

Ademas, el monje habia descansado muy mal las noches anteriores...En ese momento, ya cuando la luna se habia ocultado, Lilandra comenzó a levantarse. Se arregló la túnica del rostro y miró fijamente al monje.

- Descansa, yo me encargaré de vigilar a partir de ahora.

Con una sonrisa de agradecimiento, Bregor decidió rendirse ante el sueño... con la esperanza de que esta noche fuera un poco menos terrible que las demás.

El sueño era placentero...Brgor comenzó a notar algo, los ojos verdes de Loroliel lo miraban fijamente... se sentía hasta seducido por su hermosa mirada.

El dolor no existía, solo el palcer... parecía eterno ese placer... y detras de ella unos ojos negros y rojizos se aparecieron nublando los ojos verdes de ella... y con este aparecio la marca que tanto dolor le habia provocado a Bregor las últimas noches... se reproducía por todos lados... mientras el sujeto con ojos negros rojizos y de barba negra se hacia mas intenso. Su cruda voz nuevamente habló pero esta ves de manera enojada:

- Habla, Bregor... tu voto de silencio sólo es un obstaculo para ti mismo... HABLA MALDITO O TE HARE HABLAR !!

El dolor en la espalda del monje se hizo notar...Bregor sintió como su boca se abria sola y un sonido salia de ella pero no podía entenderse a si mismo qué sonido era.La espalda le dolía mas y mas en la cicatriz y él mismo no se podía entender así mismo.

En ese momento Bregor, conteniendo el dolor se desperto por un sarandeo y abrió los ojos.Unos ojos verdes miraban fijamente a Bregor, el cabello pelirrojo lo tenía recogido y le caia a un costado y parecía preocupada.

- Hey, despierta ...

Lilandra lo movía y le daba unos pequeños golpes para que recapacitase. Bregor despertó y volvió en sí mismo... pero lo primero que sintió fue un tremendo dolor en la espalda, aun peor que el de la noche anterior...la sangre en el suelo era aun mayor y Bregor se sentía completamente devilitado.

- Oye, no me asustes... estas bien? Reacciona...

Lilandra contenía sus impulsos como siempre aunque se notaba cada ves mas preocupada por el monje.

Con todo el dolor, Bregor intentó darse vuelta, de forma tal de que Lilandra le viera la espalda. A la vez, intentaría buscar entre su mochila el papel y la carbonilla para escribir un breve y desesperado mensaje:

"Ayuda".

Bregor había comprendido que el sujeto de sus sueños era el demonio que se enfrentaba a la voluntad de Manwë, a su promesa con su Dios. Sin embargo, no creyéndose digno de merecerla, no suplicó ayuda de Manwë.

Él sólo había despertado ese demonio en su interior, y él sólo debía enfrentarlo.Para bien o para mal, mientras se movía para que Lilandra lo viera, una llama de determinación se encendió en los ojos del monje. Bregor se prometió:

"La próxima noche, será la última".

Enfrentaría al demonio, aunque en eso le fuera la vida.

Lilandra le djo seriamente:

- Oye, quedate quieto... Quedate quieto o no podré curarte!

Lilandra tomó lo que parecía una posion pero Bregor no parecia drse por vencido y se arrastraba.

- Esto te curará ! no seas terco y tómalo...

Bregor pudo notar que Lilandra le ofrecía la posion para sanarlo.

Esperando que funcione, Bregor aceptó tomar la poción que Lilandra le ofrecía.

La mujer lo sostuvo con una mano apoyando la cabeza dle monje contra ella y con la otra mano le acercó el brebaje a la boca de Bregor quien comenzó a ingerirlo poco a poco.

La herida de la espalda dolía hasta que el cuerpo del monje comenzó a calentarse y el dolor disminuia poco a poco. Bregor sintió como nuevamente sus energías volvían a él y el dolor ahora solo era una pequeña molestia.

Lilandra le miro fijo y se paró alejandose de bregor y tomando su caballo, el solo estaba por salir.Ella, son sus intensos ojos verdes, lo miro y le dijo casi enojada:

- No soy de meterme en cosas de los demas... pero nunca vi algo como lo tuyo... que rayos te sucede en la espalda?

La sangre se secó en la ropa de Bregor aunque ahora era muy obvio que tenía una herida en la espalda.

Bregor le clavó los ojos a Lilandra, sostiéndole la mirada, como intentando escrutar cuán sincera era. Llegó a la conclusión de que podía confiar en ella, y con un gesto calmo, le escribió:

"Es una herida más espiritual que profunda. Hoy, sólo puedo decirte que no tenemos tiempo que perder si queremos salvar a la arboleda. Es posible que este sea mi último día sobre esta tierra, así que debo hacer todo lo posible para ayudarte. Si mañana despierto, te contaré todo lo que sucede, tienes mi palabra".

La determinación de Bregor era absoluta: su batalla se terminaría esa misma noche.Le acercó el papel a Lilandra, y se subió a su caballo a la espera de que ella comience el recorrido.

- Jantra, no quiero hablar...

Loroliel dijo esa frase mientras subía a su caballo se tapó con la túnica completamente dejando ver solo sus ojos.

- "Jantra, no quiero hablar" Eso fué lo que dijiste, pues por primera ves escuche tu voz y justo en ese momento comenzaste a sangrar mientras sufrías en tus sueños. Si no te despertaba tal ves no volvería a escuchar tu linda voz. Será mejor que no te hagas el Héroe tu solo la proxima vez... vamos.

Si Bregor hubiese podido ver a travez del manto bordó de Loroliel hubiese jurado que esta estaba sonriendo.
El caballo de la mujer comenzó a andar aumentando rapidamente la velocidad en dirección a Andurant.

Mientras cabalgaba, Bregor procuró no pensar en los posibles sentimientos que podía despertar Lilandra en él. Si no se sentía digno del amor de Manwë, mucho menos lo sería de un terrenal, sea la raza que fuera. Decidió enfocar su pensamiento en ese nombre: Jantra. Ese nombre solo le recodó a su padre...