" Al fin he llegado a una ciudad más grande, luego de tantas tierras que he cruzado este último tiempo. Parece ser una ciudad bastante comercial puesto que entran y salen carros por doquier. Desde aquí veo una gran construcción que sobrepasa las murallas. Parece ser una catedral aunque ignoro a que dios le rezará… De todas formas será un buen lugar para pedir asilo mientras me quede aquí y seguro respetaran mi voto de silencio sin cuestionarme nada. Así lo juré ante Manwe “
El silencioso Bregor meditó en sus pensamientos antes de entrar a la ciudad… aun desconocía lo que estaba a punto de suceder en Doroteh, ciudad que hasta ese momento era una ciudad normal…
El sol estaba saliendo esa mañana y los guardias bostezaron mientras la primera carroza comercial llegaba a la puerta central del sur de la ciudad, los carros terminaban de pasar apenas Bregor arribaba para ingresar. Uno de los guardias lo detuvo pidiéndole dinero para entrar… parecía común agarrar a los nuevos pordioseros que no tenían poder adquisitivo y cobrarles un peaje. Bregor tenía dinero pero no pretendía dárselo así de fácil por lo que los conformó con dos raciones de comida para que no le molesten… los guardias se dieron cuenta que este no hablaba por lo que no quisieron perder el tiempo, después de todo este sujeto parecía inofensivo y era demasiado temprano aun para algún incidente. Una vez entró, el monje Bregor vio que en la plaza central parecía estar construyéndose una tarima mientras los mercaderes abrían sus chozas alrededor como era costumbre para una ciudad comercial.
Bregor, el silencioso Bregor, se dirigió a la Catedral como lo había planeado de un principio.
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Poco a poco la ciudad de Doroteh se iba despertando.
- Maldito Absalon… qué planea ese imbecil?
Susurro entre dientes Idril (el elfo), gracias a su condición biológica de especie, ya estaba despierto hacia una hora mientras la luz de la mañana se desparramaba por el cuartel donde estaban encarcelados los aun dormidos y debilitados Jansen (el ratero), Athanasius (el que no tiene pasado), Benjamin (el seguidor de Solaris) y Stain el monaguillo aprendiz de Benjamin de la catedral de solaris.
Athanasius comenzó a despabilarse y al parecer el viejo Benjamin ya estaba con los ojos abiertos meditando.
El pelirrojo que sufre de amnesia desde que despertó extrañamente en Doroteh comenzó a mirar si Haku, su familiar, se encontraba cerca. Ya dominaba perfectamente su vínculo mental con él para llamarlo cuando lo requería.
Athanasius se paró y se fijo en la alta ventana para ver si Haku llegaba y así lo hizo. El búho se posó en la ventana y miró a Athanasius fijamente, antes que le diga nada Haku le reclamó (y solo Athanasius lo escuchó):
- No haré nada hasta que no me des algo de comer.
Athanasius se lamentó, pues no tenía ni para comer él mismo y sentía como si hacía dos días que no probaba un bocadillo.
- Esta bien Haku, pronto te dare algo de comer pwero entiende que no tengo ni para mi.
Jansen, quien estaba en la otra celda junto a Benjamin e Idril, se despertó e instantáneamente trato de ubicarse en su contexto pues su libertad caótica ahora estaba determinado por unas rejas donde lo había puesto un maldito y autoritario general que de un día para el otro había cambiado el sistema de la ciudad.
El ladrón se tomó la cabeza dolorido pues la noche anterior había recibido muchos golpes y hasta un espadazo.
Benjamin miró al joven Jansen quien parecía preocupado y le dijo:
- No te preocupes Jansen, apenas salga de aquí ayudare a tu madre y no tienes que pagarme nada.
Athanasius se fijó en Jansen y ahora que los ánimos estaban más calmados y los presos, por cuestiones de fuerza mayor, estaban unidos; insto a decirle alentadoramente:
- Oye… Jansen no es así?... escucha, lamento haberte golpeado así pues no sabía que querías la hebilla para pagar y ayudar a tu madre.
Jansen le miró y le dijo como si eso ya no importase:
- No te preocupes, ya es historia pasada. Ahora lo que tenemos que hacer es ver cómo salir de aquí.
Idril quien estaba silencioso miró fijamente hacia la puerta y vio ingresar a unos guardias liderados como de costumbre por Absalon:
- Silencio. Están aquí porque son delincuentes y perturbadores de Doroteh. Ya he decidido lo que hare con todos ustedes pero antes vamos a acomodar la situación… Sáquenlo de aquí
Los guardias abrieron la reja donde estaba el padre Benjamin a quien sacaron de la celda para que regresara a la Catedral mientras Absalon les apuntaba con su espada a los demás:
- Ustedes se quedarán aquí- indicándole a dos guardias – ustedes, quédense aquí y vigílenlos.
Idril le dijo provocándolo:
- Que has hecho con Loroliel, tú no eres un héroe, eres un farsante!
Absalon ya lo tenía fichado a Idril desde que le conoció y le dijo algo enfurecido:
- Que te sucede “elfo” ¿ Tu me hablas de heroísmo? No he conocido a nadie más cobarde que tú en todas mis batallas. La alfa está bien y no te interesa nada de ella, te queda claro?
Jansen se sumó a la provocación y le grito:
- Y tú te haces llamar el restaurador de la paz? Libéranos de aquí, maldito imbécil. Esto no es lo que hacen los héroes, ningún héroe quita la libertad de los demás para vanagloriarse!
Absalon se rio:
- Vaya, un maldito “ratero” me dice lo que es la libertad? Mira niño, yo luche contra enemigos por los que tú te merarías los pantalones, y lo hice por la libertad de los pueblos. Yo lucho por la justicia mientras tu te dedicas a asaltar Tabernas… Un “elfo” cobarde y un “ratero” quieren darme sermones de lo que es la libertad? Ya está decidido, sé muy bien lo que haré con ustedes… en cuanto a ese sujeto tan extraño…
Absalon miró a Athanasius quien hasta ese momento se había mantenido callado agregando algún que otro bocadillo pero que nadie le prestaba atención hasta que dijo seriamente mientras Absalon se fijó en él:
- E visto en sueños lo que le sucederá al destino de tus entrañas estructurales. Un mar de fuego y destrucción se alzará ante tus actos y todo por lo que has reivindicado en la ciudad se volverá en contra tuya mientras sigas haciendo lo que haces. Lo he visto y te he visto a ti caer ante tus propias órdenes. Absalon.
La seriedad del amnésico Athanasius dejó serio a Absalon quien no le dijo nada… parecía pensativo ante sus palabras y luego de mirar a Jansen e Idril salió del lugar manteniendo su talante aunque se lo notaba algo perturbado por el mas suspicaz.
Athanasius sonrió apenas este dejó el lugar.
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El silencioso Bregor llegó a la Catedral... allí vio como unos guardia acompañaban a un sacerdote o algo parecido. Una vez los guardia se fueron, Bregor se acerco al sujeto y manteniendo su voto de silencio comenzó a usar una table donde en unos papiros escribía rápidamente freses en carbonilla para comunicarse la cual decía:
"Buen día, e viajado varios días y estoy en busca de asilo en vuestra catedral si es posible"
El padre Benjamin, a quien Bregor estaba conociendo, le respondió algo preocupado aun por lo que intuía que sucedería:
- Por supuesto, le daré techo, cama y comida... no se preocupe. Venga, pase por aquí...
Benjamin abrió la Catedral y le hizo pasar al silencioso Bregor que le pregunto en sus escritos:
" le puedo ayudar en algo? le veo preocupado"
El padre Benjamin meditó unos momentos y le dijo luego de pensárselo bien:
- La verdad es que si, verá, hay unos prisioneros en el cuartel del norte de Doroteh y yo ya no puedo regresar. Tengo que recluirme en la Catedral solamente... ellos están hambrientos y deshidratados. Sería muy bueno si le lleva comida de mi parte. serán ejecutados y estoy pensando en cómo ayudarles pues no merecen el destino que se pretende darles...
Bregor asintió amablemente y le hizo entender que él mismo tenía algunas raciones que le sobraban de su viaje. Sumándolas a lo poco que tenía Benjamin se dirigió hacia el cuartel.
Los guardias le dejaron pasar ya que entendían que alguien les llevaría comida a los presos. Así todos vieron a este extraño viajero dejarles comida y agua mientras los miraba. Bregor no olvidaría ningún rostro mientras que Idril, Jansen y Athanasius tampoco olvidarían a ese silencioso personaje.
Bregor parecía intuir algo... tenía que tener un escusa para regresar allí por si el padre Benjamin le necesitaba... su objetivo era ayudar a los presos. Los guardias le pidieron mas comida y esa fue la escusa perfecta para que Bregor pudiese regresar.
El silencioso monje volvió a la Catedral y en su mirada se entendía que no conocía la situación de los presos. Benjamin le explicó lo que sucedió el día anterior... de la injusta apropiación de Loroliel por parte de Absalon y de que varios sujetos le serrarían de ejemplo al autoritario líder para la ejecución en la ciudad y así establecer su nuevo régimen... en definitiva... Jansen e Idril serian útiles para la ejecución en la horca en la plaza central del pueblo y eso serviría para que Absalon se muestre como el restaurador de la paz que él quiere desarrollar a partir de su llegada.
Bregor estuvo de acuerdo en eso estaba mal por lo que se dispuesto a ayudarle a Benjamin en lo que necesitase pero no sabía cómo.
Benjamin pensó unos momentos, como todo sabio y estratega que lleva años prediciendo lo que sucedería, se imaginó como podía ayudarles a los que serían ejecutados... y le dijo a Bregor:
- Bregor... Al parecer tu llegada a la ciudad no es casualidad... Hay una forma de ayudarles y tu eres la clave para ello...
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Todos comieron y recobraron sus fuerzas y parte de sus ánimos.
Athanasius aprovechó para darle de comer a Haku quien ahora parecía responderle a lo que el pelirrojo le encomendaría, desde la ventana de la celda Athanasius le dijo que este cerca pues lo llamaría pronto.
Dos soldados entraron a la celda donde estaban Athanasius y el monaguillo Stain. Al primero lo mandaron a una carreta que estaba ubicada detrás del castillo en las cercanías. Al parecer Athanasius no seria ejecutado pues Absalon tenía otros planes con él. En el cao de Stain lo dejaron regresar a la Catedral con las mismas condiciones que Benjamin.
Idril y Jansen fueron sujetados por grilletes que sujetaban los brazos y los pies para evitar cualquier movimiento fuerte y también ataron el cuello de cada uno de ellos con grilletes ligados lo cual el movimiento de uno depende del otro y eso dificultaba más aun su movilidad.
Fueron llevados a la salida donde discutieron con unos guardias que los provocaban mientras Absalon a lo lejos parecía organizar algo pues estaba dando indicaciones.
Detrás del castillo, Athanasius vió una carreta donde lo dejaron allí. Loroliel, la elfa, estaba allí dentro también y sonrió al ver al pelirrojo y desalineado joven. al parecer Absalon tenía un plan para ambos aunque estos desconocían aun de que se trataba dicho plan.
Una muchedumbre estaba escuchando desde la plaza central... parecer todo estaba listo para la ejecución y los guardias comenzaron a empujar a Idril y Jansen quienes caminaban difícilmente por los grilletes que les reducía la movilidad considerablemente. La avenida central que daba hacia la plaza central donde estaba terminada la tarima de la ejecución, estaba llena de gente que no entendía pero presenciaba como un espectáculo novedoso el hecho de ver a dos presos ajusticiados por faltarle a la paz. Todo el pueblo adoraba a Absalon y confiaban en que esos presos (Idril y Jansen) fuesen sujetos que dañaron mucho a su pueblo pero aun así el ánimo del pueblo era incierto pues aun allí una ejecución era algo demasiado fuerte.
Un soldado gritó al a muchedumbre de que esos presos eran asesinos, miembros del ejército Rojo.
Se empezaron a escuchar voces de enojo entre la gente, que poco a poco iba contagiando a la mayoría, y empezaron a arrojarles comida y pescado podrido a Jansen e Idril quienes ya estaban llegando a la plaza central y subiendo a la tarima mientras los guardias les escoltaban. Un verdugo parecía estar preparando todo y sumamente feliz por lo que haría en un momento próximo.
Los hermanos de Jansen, conocidos ladrones e incluso su madre, estaban abajo entre la muchedumbre en silencio viendo indignados lo que le sucedería al ladrón... pues no merecía un final así, aunque se veían impotentes ante la extrema seguridad de los guardias y el repudio del pueblo. era una situación desagradable para la madre de Jansen quien estaba llorando por su hijo. Jansen le miraba indignado pero demostrándole fuerzas pues no quería verla sufrir.
Idril solo vio a René, ese borracho que de vez en cuando le acompañaba a hacer trabajos mercenarios... pero nadie mas... Idril era solitario y en el momento de su ejecución se notaba que su pasado había sido más solitario que nadie. Pero su orgullo le daba fuerzas para soportar la situación y en su seriedad solo buscaba en el contexto saber lo que sucedía, quienes estaban y sobre todo ver cómo estaban distribuidos los guardias. Al igual que Jansen, tenía las intenciones de escapar aunque sabía que cada vez era mas difícil tal cosa pues ningún indicio le daba lugar para hacerlo.
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Loroliel estaba afligida, sentía que tenía algo de culpa por haberlos involucrado en su cometido a los demás. Idril y Jansen serian ahorcados y el elfo lo sería solo por haberla ayudado a ella. Athanasius la consoló como pudo pues el pelirrojo también quería hacer algo al respecto pero no tenía idea qué hacer aun... y en ese momento sonrió al ver que Bregor, el silencioso que antes les había dado algo de comer, parecía regresar esta vez dándole a de comer a los guardias.
Bregor parecía entretener a los guardias como quien no sabe hacer bien su trabajo y les entregó por la ventanilla una ración de comida a Athanasius y Loroliel. Athanasius vio lo que hacia Bregor y se dio cuenta que habia algo mas... una especie de bolsita. Debido a que estaba sujeto con grilletes no podía moverse muy bien por lo que miró rápidamente a Loroliel quien le entendió y tomo esa pequeña bolsita de entre las raciones. Justo un instante después uno del os guardias le recriminó a Bregor de que esas raciones no eran para los que estaban dentro de la carreta por lo que las tomó para si y le dijo a Bregor que se retire.
Bregor sonrió por dentro y asintió ante las ordenes del soldado y se marchó aunque aun faltaba un detalle mas pero esta vez los guardias no se enterarían de su presencia.
Dentro de la carreta, Loroliel abrio esa pequeña bolsita de la cual sacó dos zafiros dorados. Athanasius y ella los miraron fijamente pues esos zafiros eran algo especial... Loroliel comenzó a recitar unas palabras en elfico como si de esa forma intentase leer que es lo que los zafiros ocultaban. Athanasius sintió algo diferente en él... pues sus venas parecían calentarse poco a poco y pudo percibir una extraña sensación en el ambiente... tanto en Looroliel como en los zafiros... y la única palabra que puedo conceptualizar de la situación fue "magia". Loroliel le dijo:
- Athanasius, estos dos zafiros son mágicos... pero aun no entiendo para que sirven.
Athanasius trataba de entenderlo también pero no lo comprendía... la carreta en ese momento comenzó a moverse hacia dirección de la plaza central. Al parecer esa carrera saldría de la ciudad según los comentarios de los guardias que la escoltaban.
Bregor, ya oculto, vio el momento perfecto para actuar y moviéndose en las sombras se ocultó rápidamente detrás del carro y por la ventana arrojo una nota. Los guardias sintieron algo pero no había nadie... todo parecía normal y siguieron su cometido. Aunque Bregor ya había logrado el suyo.
Loroliel le entregó el pergamino a Athanasius quien leyó:
“Debes entregarle los zafiros a Idril y Jansen, utiliza a Haku para ello. Firma: Benjamin"
Athanasius comprendió y le llamo a haku, a quien los guardias no vieron y le entregó los zafiros con la indicación determinada. Haku se puso los zafiros en la boca y voló hacia la plaza central.
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Absalon apareció en su carreta junto a varios soldados desde el otro lado y fue aclamado por el pueblo. Este dijo en un pequeño discurso antes de la ejecución:
- Estos dos sujetos representan el daño al pueblo. Son ladrones y asesinos de la comunidad y a partir de ejecución se dará ejemplo a todos aquellos que pretendan perturbar la paz. Doroteh será el ejemplo de justicia que todo el imperio de Calimdor reclama!
Los trabajadores del puerto fueron los primeros en aplaudir y vitorear a Absalon y luego se sumó todo el resto. Solo los conocidos y familiares de Jansen sufrían ante todo ese escándalo.
El verdugo ya tenía preparada las jorcas correspondientes mientras varias personas del pueblo gritaban hacia los que serian ejecutados.
Jansen vio como su madre lloraba y sus hermanos la consolaban. Se sentía impotente y ansioso mientras que Idril parecía mirar hacia todos lados fríamente y en ese momento escuchó una vos en su mente:
"... pronto caerá ayuda desde el cielo, tómenla y serán libres para escapar... "
Idril no entendió esa frase pero reconoció que se trataba de Benjamin... justo en ese momento un pájaro sobrevolaba los cielos, era Haku y vio como una bolsita caía justo entre medio de Jansen y él. El verdugo y los guardias parecieron no percatarse de eso. Idril le dijo por lo bajo a Jansen:
- Jansen, debemos tomar esa bolsa, a la cuenta de tres debemos agacharnos para agarrarla.
Así lo hicieron y el verdugo al advertirlo les dio un buen golpe. Pero Idril ya había logrado agarrar los zafiros. Sigilosamente abrió la bolsita y allí vio lo dos pequeños dorados zafiros... le entregó uno a Jansen sigilosamente... pero no entendía como eso los ayudaría... Jansen le dijo:
- Y ahora qué?
Idril observó hacia la muchedumbre y trataba de recordar la frase el viejo Benjamin en su mente mientras el verdugo les ajustaba la horca a cada uno de ellos. Pensó para sus adentro...
" ya agarramos la ayuda desde el cielo pero no estamos libres... qué rayos quería decir Benjamin?"
Idril logro vislumbrar la figura del anciano benjamin a lo lejos de la multitud quien le miraba fijamente y le hizo una seña hacia su boca. Idril en ese momento comprendió " claro, TOMENLA y serán libres". El verdugo se dirigió a la soga la cual apartaría la superficie de los piez de los que serian ejecutados para asi ser ahorcados por la soga. Idril le dijo en ese momento a Jansen:
- Tienes que tomarla
Jansen le dijo sin entender:
- Ya la tengo al igual que tu, a que te refieres?
Idril ingirió el zafiro mostrándole a que se referían con tomarlo y Jansen en ese momento lo comprendió y así se lo puso rápidamente en su boca también.
La carreta donde estaban Athanasius y Loroliel atravesaba la muchedumbre a un costado de la tarima.
Bregor estaba entre la gente esperando el momento oportuno...
La base de madera se abrió en la tarima una vez el verdugo tiro de la soga y el cuello comenzó a apretar a Idril y a Jansen fuertemente... era totalmente doloroso y en unos pocos segundos sintieron ambos un calor en su cuerpo muy fuerte. Ya no sentían el dolor de la horca y desde la muchedumbre se pudo ver como los grilletes y la horca parecían traspasar los cuerpos de los prisioneros quienes por la gravedad cayeron abajo de la tarima perdiéndose de vista por todos como si hubiesen desaparecido. Absalon pareció mirar la situación anonadado. Idril y Jansen estaban liberados y debajo de la tarima pudieron ver los pies de los soldados tratando de detener a la muchedumbre al mismo tiempo que los buscaban a ellos.
Athanasius y Loroliel vieron desde dentro de la carreta todo el alboroto, los soldados de Absalon buscando a los ejecutables y la gente alarmada por lo que había visto. Se escucho un ruido delante de la carreta, alguien nuevo estaba con el conductor. Un soldado fue a detenerlo y un poderoso golpe de patada en el mentón lo noqueo completamente. Bregor se hizo cargo del escape intimidando al conductor para que arrancase mientras Idril y Jansen dejaban fuera de combate a dos distraídos guardias que no se percataron que estaban debajo de ellos en la tarima. Los presos se dirigieron, tomando las armas de los guardias, hacia la parte trasera del carro y entraron allí rápidamente. Los caballos se agitaron y comenzaron a correr. Flechas pegaban en el borde de la madera del carro el cual avanzaba mientras la muchedumbre se abría paso alarmada.
Absalon estaba atravesando el camino que iba hacia la puerta principal por lo que Jansen advirtió gritando a Bregor desde dentro del carro:
- Dobla a la izquierda y luego a la izquierda !! conozco otra salida !!
Bregor quien ya no sabía cómo comunicarse (debido a su voto de silencio) con el conductor quien estaba absorto... se decidió romperlo y le dijo de forma intimidante
- Doble aquí!!
La gruesa voz de Bregor se hizo notar y el conductor doblo hacia la izquierda metiéndose por calles paralelas.
Varios caballeros seguían el carro. Mientras Jansen e Idril ayudaban a Athanasius a sacarle los grilletes, el elfo vio que los caballeros se acercaban. Tomó los grilletes e improvisando un arma la uso para detener a los caballeros.
Bregor estaba atento de lo que sucedía atrás, recibió un flechazo en el brazo pero trato de seguir atento aunque no se percato que el conductor decidió tirarse de la carreta. El monje no sabía cómo maniobrarla y las riendas se le cayeron dejando a los caballos al azar.
Jansen con un movimiento de pirueta se subió al techo de la carreta mientras Bregor intentaba sujetar las riendas. El ladrón se dio cuenta que habían pasado el lugar indicado del escape que el conocía por lo que apenas logro sujetar las riendas que Bregor le entrego detuvo el carro el cual se rompió de un lado por el traqueteo.
Idril había logrado retrasar y detener a varios caballeros pero uno de estos aun estaba ileso.
Jansen grito:
- Corran!
El grupo se dispuso a correr hacia donde Jansen había indicado.
Athanasius, Loroliel, Idril y Jansen corrieron pero Bregor tropezó, estaba herido y no podía correr fácilmente.
El caballero de todas formas se concentró en detener la huida de los forajidos y así se dirigió hacia Jansen quien logro evadir el envión del caballero.
Bregor pudo tomar fuerza y disponerse a correr cuando vio que Absalon en su caballo blanco y decenas de caballeros se dirigían hacia ellos.
El monje grito:
- Corran, es Absalon !!
El monje lanzo unas dagas arrojadizas al caballo que les perseguía y logro detenerle el paso lo cual les permitió escapar. Jansen iba al frente y vio el pasadizo oculto en los arbustos del norte. Unas flechas desde metros caían con poco puntería, no se divisaba aun pero Absalon y sus corceles no tardarían en llegar.
El ladrón guio a los demás quienes lograron meterse en el pasadizo, un túnel a través de la ancha pared que terminaba del otro lado.
Una vez cruzaron vieron como el sol del atardecer comenzaba a caer y unos cuantos arboles frente a ellos.
Absalon, del otro lado no entendió como los forajidos habían desaparecido y se dispuso a buscarlos en grupos por toda la ciudad y en las afueras.
Idril indicó la arboleda para ocultarse allí...
Todos corrieron hacia los arboles que los protegerían pero aun no se sabía por cuánto tiempo...
- Fin del 2º Capítulo -
