CAPITULO 4 - Ladrones del destino



Desde su caballo Idril y Loroliel pudieron ver un humo que se divisaba a lo lejos, estaban todos agotados y necesitaban un lugar donde alojarse y descansar.

Comenzó a verse en la noche una pequeña ciudad la cual Idril dedujo que se trataba de Andurant. Andurant, la ciudad de los ladrones, era el siguiente destino del grupo. Solo los unía en su camino algo que ni siquiera ellos comprendían.

Escapaban de su pasado, luchaban en su presente pero desconocían como seguiría su destino.

El Elfo solo pensaba en una cosa pero su exterior era de piedra para el resto.

Jansen sintió una extraña sensación de ansiedad al ver esa ciudad. Algo nuevo en él.

Athanasius, ahora que comprendía que en su desconocido pasado se escondía un poder que poco a poco se desvelaba, ponía su expectativa en el siguiente paso.

Bregor, apartado de los demás, parecía sufrir una carga que no prentendia compartir con los demas.

Este pueblo sería el lugar capaz de construir verdaderamente el futuro destino del grupo o más bien sería el lugar donde su destino fuese robado? ...

Jansen se acercó a Idril y le dijo:

- Será mejor que vaya a ver de que se trata y si podemos ocultarnos allí.

Idril le dijo:

- Yo iré contigo, aunque oculto.

Los demás asintieron a ellos como si de un grupo organizado se tratase, cada uno cumpliendo su rol naturalmente por le bien de los demás. El ratero (apodo que a Jansen le quedó desde doroteh) y el elfo (condición por la cual se lo clasificaba a Idril al ser el único de su especie para el común de los abitantes de Calimdor) fueron hacia las cercanías de Andurant donde vieron a lo lejos un par de sujetos al rededor de un fuego, parecían ser pordioseros.

Sólo Bregor se quedó apartado en sus pensamientos, alejado del grupo... parecía ser el más agotado de todos y se notaba en su mirada cabizbaja.

Athanasius se mostraba contento, entusiasmado, como si poco a poco sus poderes le explicasen un poco mas de si mismo y al mismo tiempo le hablasen de su realidad. Pero aun era la punta del iceberg de si mismo aunque por el momento ya no pensaba en eso.

Loroliel le dijo:

- Estoy preocupada por Bregor, no lo veo bien...

El hechicero (si es que podemos llamarlo asi a Athanasius) asintió seriamente y negó con la cabeza para no molestarlo pues Bregor parecía querer estar solo.

El monje se recostó para poder calmar sus tormentosos pensamientos y por fin logró dormirse...

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- Yo me adelantaré

Le dijo Jansen a Idril quien asintió y se quedo oculto en las sombras unos cuantos metros atrás escuchando.

El ratero se adelantó y unos 3 sujetos parecían estar frente a una fogata. Uno de ellos miró fijo a Jansen y le dijo:

- Vaya, un invitado. quieres algo de tomar?

Le hablaba riéndose como si quisiese probarlo por cada palabra y le ofreció un trago. Jansen trato de ser cortes pero dándole a entender que conocía bien las calles y tomó el trago.

- Bien, Así es, estaba pasando por aquí. Estoy buscando algún lugar donde pasar la noche.

- Tengo un lugar pero antes dime... que ideales tienes?

Jansen trató de entender la pregunta del sujeto y le dijo:

- Soy Jansen, mi gremio es el de los ladrones de la Sombra de Doroteh... con eso alcanza?

El sujeto le sonrió:

- Por supuesto. Con eso alcanza y me da muchas ideas... Mi nombre es Aquiles, líder de los ladrones "Busca Insectos". Cualquier cosa que necesites te la puedo ofrecer.

Jansen le dijo:

- Miré Aquiles, yo no estoy solo, vienen cuatro amigos conmigo aunque no son como yo.

Aquiles le respondió:

- Bien, no habrá problema pero tendrás que ayudarme con algo. Mañana, antes de que salga el sol, te espero en el sudoeste de la ciudad... te animas a madrugar?

Jansen asintió:

- Bien, ahí estaré.

Aquiles le dijo pro ultimo:

- Ve hacia el "curvo negro" es una taberna donde podrás descansar. Diles que vas por mi parte.

Jansen agradeció a Aquiles y se dirigió nuevamente al grupo. Idril le siguió, ya había escuchado todo pero no le dijo nada al respecto.

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Una espada se clavaba en la espalda de Bregor, sentía como una cicatriz se le forma y le dolía tremendamente... y en ese momento vio a su padre dándole un golpe en la espalda... la figura de su padre con la de Absalon se cambiaba rápidamente hasta que el monje se vio frente a su maestro quien le dijo:

- Esa marca, en otro tiempo y espacio, ha sido parte tuya. Manwe te ha tocado, joven Bregor, pero tu voto de silencio al romperse, te dejará marcas que aparecerán de otros lugares... el mundo espiritual, no es la realidad, pero es un mundo el cual Manwe conoce bien y con él esta tu alma...

Una marca se formó en el aire, una mezcla de trazos que parecían tribales se dibujaban en el aire. Bregor en ese momento abrió los ojos...

Despertó de repente y vio como Loroliel y Athanasius charlaban. El hechicero pelirrojo se acercó a Bregor y vio que estaba transpirado... al aparecer había tenido una pesadilla... aunque sintió algo mágico en el monje.

Por fin Jansen e Idril llegaron ante los demás y el ratero les contó sobre que había conseguido un lugar.

Se fueron hacia allí en medio del pueblo de Andurant. Una vez llegaron a la taberna del cuervo negro Jansen , tal como le dijo Aquiles, dijo que venía de parte suya y le llevaron los caballos y le dieron una posada en el primer piso del lugar todo de forma gratuita.

El grupo por fin pudo descansar luego del arduo viaje aunque Jansen seguía pensando que es lo que pretendía Aquiles con él a la mañana siguiente... Idril y Loroliel se turnarían para hacer guardia a la noche ya que al ser elfos no necesitaban dormir demasiado.

Bregor escribó algo lo cual se lo dejó a Loroliel ante de dormir.

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El sol no había salido, faltaba muy poco para eso. Jansen se despertó justo en ese momento y se dispuso a cumplir con su palabra con Aquiles. Loroliel estaba haciendo guardia en ese momento y le preguntó:

- A donde iras, Jansen?

El ladrón le dijo apresuradamente:

- Tengo algo que hacer, nos vemos en la herrería de la ciudad a media mañana.

Ella miró preocupada a Jansen quien parecía no querer perder más el tiempo y se marchó.
Jansen cruzó la ciudad hasta el sudoeste. Allí estaba Aquiles esperándole, su sonrisa parecía la de alguien muy orgulloso de si mismo pero con un gran sentido del humor.

- Bien, cumples tu palabra. Acompáñame…

Aquiles guió a Jansen hasta una casa cercana. Era una casa bien oscura en la cual los esperaban dos sujetos bastante serios aunque con el estilo de ropas de Aquiles. Los ladrones ingresar a la casa y se dirigieron hacia una puerta la cual dentro había un armario del que Aquiles tiró una palanca y se abrió dejando ver una escaleras caracol hacia abajo.

Aquiles tomó una vela y bajo junto con Jansen un buen trecho… la humedad poco a poco se hacía más fuerte a medida que bajaban.

Una vez abajo se vio una especie de paso hacia una cueva larga y oscura, Aquiles le dijo mientras con la vela prendía una antorcha:

- Bien niño, si logras regresar con la sabia color ámbar pues te veras superada la prueba y me abras pagado. Muchos ladrones murieron y otros tantos huyeron… veremos qué haces tú.

Jansen tenía muchas dudas al respecto, no le hizo demasiadas preguntas sino que le dijo para mostrar su valentía:

- Necesitaré algo mejor que esto, puedes prestarme tu espada?

Aquiles le hizo el cambio de armamento y le entrego su espada.

- Bien niño, buena suerte

Jansen ingresó a la cueva con la antorcha al frente.

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Todos se iban despertando poco a poco en el lugar. Athanasius, Loroliel e Idril se dirigieron hacia la arboleda más cercana fuera de la ciudad a buscar algo de comida. Mientras que Bregor prefirió estar solo e ir a caminar por su cuenta en las calles de Andurant.

Haku molestaba con aleteos a Athanasius, parecía hambriento. El hechicero quería que este aprendiese a cazar por su cuenta. Al llegar a los arboles el sol ya estaba iluminando gran parte del descampado y la ciudad. Loroliel se trepó a un árbol para agarrar una manzana y le dijo sonriente a Athanasius:

- Si quieres yo le enseño a Haku a que aprenda a cazar.

Athanasius la miró sonriente mientras Idril parecía no gustarle mucho el ambiente feliz de ambos… el elfo así se abrió de ellos apartándose pues no le gustaban las cursilerías.

Idril se había recostado en la verde hierba que cubría la arboleda. A lo lejos se podía ver el pueblo de Andurant donde Jansen y Bregor estaban merodeando, cada uno de ellos con sus propios deseos y objetivos. Poco le importaba al elfo, tan sólo buscaba ayudar a Loroliel por mas que no lo demostrase.

Mientras tanto Athanasius se subió rápidamente a un árbol, tras unas cuantos y caídas dolorosas pudo conseguirlo. Sus bromas y sus sonrisas habían logrado cambiar el rostro de Loroliel, dibujándole una hermosa sonrisa. Esa sonrisa tenía una magia y un poder muy superior a lo que Athanasius hubiera podido pensar y quedó anonadado por su belleza. Tan embobado quedó que no pudo evitar distraerse y caer nuevamente haciendo que la elfa riera divertida. Athanasius incorporó con un intento de pirueta, el cual no le salió muy bien, pero Loroliel seguía divirtiéndose con las tonterías que hacía el hechicero.

-Eres muy divertido Athanasius, me haces reír mucho. Casi olvido que debemos llegar cuanto antes a mi hogar. Sin embargo aún me cuesta creer que los sabios de mi aldea se hayan equivocado con respecto a Absalon. Si no pudiéramos hacer nada, mi pueblo quedaría…

La hermosa voz de Loroliel se fue apagando lentamente como si hubieran robado su alegría.

-Siento tu pesar muy profundo en mi corazón Loroliel, pero no te preocupes pues he jurado que te protegería y que salvaríamos a tu pueblo, no es así? Yo siempre cumplo mis promesas! Bueno… cuando recuerdo algo, esto de la pérdida de memoria se vuelve un problema. Bueno no importa, cumpliré esta promesa con mi vida.

Loroliel volvió a sonreír y la vida volvió nuevamente a su rostro. Athanasius le dijo:

-Además, yo también he de confiar en tus sabios. Hay muchas cosas que vienen a mi cabeza y no las entiendo. La primera vez que sentí esto, esa sensación, fue contigo. Tú estabas a mi lado cuando sentí esto que recorre mi cuerpo. Esta música que resuena en mi cabeza. Si desperté es gracias a ti.

Loroliel no pudo hacer menos que sonrojarse, no entendía como podía haber ayudado a Athanasius, pero sentía la sinceridad de sus palabras.

-Muchas gracias Athanasius, pero creo que yo no hice nada

-Si lo hiciste Loroliel, tú me ayudaste, trajiste a Haku a mí y me ayudaste a entenderme un poco más. Nunca voy a poder agradecerte esto Loroliel. Sabes, yo no recuerdo nada de mi pasado, pero solo sé que nunca vi a nadie como tu antes, porque alguien tan hermosa y con tu corazón no se puede olvidar ni aunque pasen miles de años.

Athanasius acarició las mejillas sonrojadas de Loreliel, he hizo un ademán de besar sus labios, pero cuando estaba rozando los hermosos labios de la elfa, se detuvo y ella miró hacia un costado avergonzada. Athanasius dijo:

-Lo siento… creo que no pude evitarlo.

Una voz se escucho la cual interrumpió el momento

- Tenemos que regresar a la ciudad, ya estoy harto de quedarme aquí. Absalon puede llegar en cualquier momento mientras nosotros perdemos el tiempo.

Idril se mostraba serio y al parecer había escuchado lo sucedido… comenzó a caminar hacia Andurant dándole la espalda tanto a Athanasius como a Loroliel quienes no sabian que decir al respecto. Ellos solo atinaro na seguir los pasos hacia el pueblo.

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Bregor llegó hasta una pequeño puestito el cual atendía una anciana, unas cuantas pócimas y algún que otro fresco medicinal. Parecía vender algo de ropa también. El monje le preguntó a partir de lo que escribia en su tabla para no hablar… si conocía algo respecto a conjuros espirituales del destino… la vieja luego de ofrecerle algunas pócimas que nada tenían que ver con lo que Bregor le pedía, le indicó una lugar donde tal vez le ayudarían:

- Podrás ir con el viejo Salomón, pero dudo que te atienda… es el más sabio del pueblo…

Bregor así se dirigió para ver al sabio pues intentaba conseguir respuestas respecto a su condición. Había despertado con la herida en su espalda, sabía que se trataba de su pasado y de su voto de silencio roto estos últimos días… Loroliel, pareció curarle como pudo el dolor superficial pero para Bregor no era suficiente.

Llegó a la casa de Salomon, tocó la puerta educadamente pero nadie abrió. Se dio cuenta que estaba abierta y así ingresó al lugar. Parecía una casa con varios pisos. Bueno, en Andurant todas las casas parecían tener varios pisos.

Llegó al piso más alto y vio como la luz del sol penetraba por la ventana. A un costado estaba un hombre de larga edad leyendo un libro con tipografía que Bregor no pudo entender. El anciano , sin quitar los ojos del libro dijo:

- Por qué tanto alboroto para llegar aqui?

Bregor le escribió:

“ Lo siento, no quería molestarle. Soy Bregor, un viajero que pasaba por Andurant. Me dijeron que usted es el más sabio y me podía ayudar. Necesito saber que significa esta marca.”

Bregor dibujó la marca, el único vestigio que le habia quedado en sus sueños antes de que le apareciese nuevamente el dolor en la herida. El viejo Salomón la vio por un momento y volvió a su lectura:

- Sé lo que es esa marca y no tiene sentido que yo te diga lo que significa, no soy yo quien tiene que marcarte el camino para lo que tu llamas “destino” joven Bregor. Tu voto de silencio es por algo según veo… pues debes continuar… y te lo digo, no se determina de forma solitaria el destino…

Bregor trató de hacerle hablar a Salomón, de que le dé una guía pero no lo conseguía… se daba cuenta que el anciano no le diría nada, o al menos, no lo que Bregor esperaba escuchar de este sabio lector. Salomón le dijo por ultimo:

- No estaré mucho tiempo más aquí y tu tampoco aparentemente… si quieres un consejo pues te diré que tu camino recién empieza y tus decisiones individuales dejaran de ser individuales más adelante. Pero no dejaran de ser decisiones tuyas…

Bregor se despidió con una seña y algo turbado pues no consiguió nada al fin y al cabo.

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Ya había pasado más de media hora desde que Jansen había ingresado a la cueva. La humedad era cada vez mas fuerte a medida que avanzaba. Los insectos salían por las paredes y se desparramaban por todas direcciones. Llegó hasta un lugar donde se bifurcaban dos caminos y allí Jansen eligió el izquierdo. Gusanos se aproximaban por sus pies, el ladrón puso cerca la antorcha para alejarlos y tener así el paso libre. A medida que seguía avanzando comenzó a divisar unas extrañas figuras. No distinguía bien pero eran criaturas humanoides que se movían levemente… se asustó un poco aunque tomo coraje pues su orgullo con ladrón era más fuerte. Se dio media vuelta hasta llegar nuevamente a la bifurcación y allí tomo el camino derecho. Esta vez parecía que llegaba al mismo lugar pues los caminos eran paralelos. Aunque al parecer desde el lugar donde estaba veía otro ángulo lo mismo lo veía con más claridad… eran esqueletos amontonados que se movían… pero no entendía el por qué de sus movimientos. Vio de repente como varios de los insectos se iban por los escondrijos… los instintos de Jansen le decían que algo se acercaba y así retrocedió.

Escucho como una criatura viscosa caminaba por el otro lado de la cueva paralelamente a sus pasos. Atinó a arrojar una piedra hasta la bifurcación y así escuchó como los pasos se alejaron. Tomo fuerzas y se dirigió hasta donde estaban los huesos. Allí vio apilados decenas de ellos con ropas viejas y todo absolutamente húmedos. Con una mano sostenía la antorcha y con la otra revolvía los huesos pues había logrado ver algo en el fondo de ese recipiente… y así era, un color ámbar tal como le dijo Aquiles estaba en el fondo. No tenia recipiente para poner ese liquido viscoso por lo que tomo unos cuantos huesos, los untó con la sabia y los puso bajo el brazo. Ya tenía lo que quería ahora solo quedaba regresar.

Regreso sigilosamente hasta llegar al camino bifurcado… no escuchaba nada, absolutamente nada… detectaba que algo estaba cerca pero no sabía dónde o si solo era su impresión…

“ya es suficiente”

Pensó Jansen y se dispuso a ingresar por la cueva de regreso… justo en ese momento percibió algo y dio unos cuantos pasos hacia atrás… vio como una araña muy grande que ocupaba toda la cueva se alzaba desde el suelo donde estaba camuflada. Allí lanzó un zarpazo a Jansen quien logró esquivarlo.

El ladrón retrocedió hacia la bifurcación, la araña le seguía hasta que volvió a desaparecer… Jansen dio la vuelta por el otro lado de la bifurcación, vio varios insectos lo cual le daba a entender que la araña estaba lejos. Así se metió por el túnel de regreso y escucho los pasos viscosos de la araña que le seguía muy de cerca, lanzo otro zarpazo y Jansen lo esquivó… comenzó a alejarse mas y mas y en ese momento un chirrido paralizo al ladrón. La araña se acercó a este y con un rápido movimiento tiró la antorcha del brazo paralizado de Jansen la cual tocó el fuego y eso hizo que la araña perdiese la concentración y Jansen así se desparalizase. El ratero dejó caer varios huesos y saco la espada la cual brillo y le permitío ver dónde estaba la araña a la cual atacó y le provocó un daño que la hizo gritar. La espada se mojo con la sabia color ámbar que tenia la araña en su boca, Jansen se dio cuenta que eso provocaba que la espada expulsara por momentos una leve luz.

La araña trató de acercarse nuevamente a Jansen quien atacó primero esta vez y le provoco un daño mucho mayor. La araña así se alejo completamente. Jansen tomo uno del os huesos que le quedaban con algo de ámbar y se dispuso a regresar como pudo por la oscura cueva pues sabía que la araña ya no le perseguía.

Pasó un largo tiempo y llegó al principio donde había partido. Allí le esperaba Aquiles sonriente con una vela en su mano:

- Bien chico, sabía que sobrevivirías. Veo que descubriste por tus medios como detener a Cruxar aunque no has logrado traer la sabia color ámbar…

Aquiles le sonrió como si eso no le importase mucho y así le pidió la espada y le regresó a Jansen la suya. Ambos comenzaron a subir pues Jansen esperaba algo que recompensara su esfuerzo después de todo lo que pasó…

Al llegar a la puerta de salida Aquiles solo le dijo:

- Bien, ya me has pagado lo que me debías, buena suerte chico.

Esta vez, la sonrisa de Aquiles no le hizo ninguna gracia a Jansen quien le miró seriamente pues no sabía si matarlo allí mismo o tener paciencia.

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Athanasius, Bregor, Idril y Loroliel se asearon en la taberna al regresar. Desde allí se marcharían hacia la herrería aunque Bregor prefirió quedarse y comer algo él solo.

Loroliel fue a buscar algo de ropa nueva para los más desalineados, Athanasius fue a conseguir algún arma pero no tuvo éxito pues el herrero no quería cambiarle nada de valor. Athanasius, una vez Loroliel le entregó la ropa nueva se dispuso a cambiarse frente al herrero quien casi le propina un tremendo mazazo si Idril no le frenaba el paso. Loroliel le pidió disculpa pero ante los incidentes que estaban ocasionando y el hecho de que Jansen no regresaba los ponía a todos nerviosos. Bregor acompaño a Loroliel a buscar más ropa, al parecer la elfa le había dado a la anciana de las pócimas una pulsera de gran valor a cambio de algunos bienes entre ellos ropa. Al regresar Jansen estaba allí en la herrería y junto a él un sujeto.

Todos querían comprar algunas cosas que supuestamente este sujeto les facilitaría pero no sucedió así pues al parecer si no tenían dinero no conseguirían nada.

Jansen no sabía qué hacer pues parecía que los estaban bromeando demasiado y el culpable era Aquiles.

Luego de discutir unos momentos el sujeto les guió hasta la taberna donde habían dormido anteriormente. Athanasius les dijo a todos en secreto:

- No confio en estos sujetos, puede ser una trampa. Yo les esperaré fuera de la ciudad y será mejor que varios otros me acompañen.

Loroliel aceptó ir con él pues tampoco confiaba en los ladrones, solo en Jansen pero no le gustaba la situación.

Regor e Idril siguieron a Jansen y al sujeto pero más rezagados.

Jansen ya había entrado a la habitación, detrás de él Idril… Bregor antes de entrar miró hacia el tabernero quien le dijo:

- Alguien entró al lugar antes que ustedes, al parecer buscaban algo pero yo no vi nada.
Bregor entendió que podía tratarse de una trampa… no entendía la situación, fuese como fuese ingresaría.

Al hacerlo, todos vieron un arsenal de armas en las camas donde antes habían dormido, arcos, flechas, espadas largas, espadas cortas, virotes, ballestas, mochilas, etc.
Aquiles le sonreía a Jansen en medio del lugar:

- Vaya, que te pensabas chico? Pues elige tú y tus amigos lo que más les guste pero no abusen.

Jansen por fin le sonrió y les dijo a los demás que tomasen las armas que necesitaban.
Así lo hicieron todos, Idril tomó un arco y varias flechas, también tomó para Loroliel. Bregor solo para él dagas arrojadizas y otra mochila. Jansen tomo un arco, varias flechas, mochilas y también armamento para Athanasius que no estaba allí. Una vez Idril y Bregor salieron Jansen se retrasó un momento y le dijo a Aquiles:

- Vaya que me hiciste creer cosas.

Aquiles le sonrió nuevamente y fue hacia un extremo del lugar:

- Tenía que probarte chico, tu me entiendes. Pero veo que eres leal y con mucha capacidad. Solo me falta que me presentas a la niña elfa pues parece que tu amigo el mudo, el de las orejitas largas y el otro desnudista pues… no saben apreciar mi bondad.

Jansen asintió:

- Lo sé y lo siento, es que ellos no entienden cómo se maneja esto. Yo te lo agradezco Aquiles.

El líder de los busca insectos le entrego un frasquito color ámbar a Jansen:

- Eso de que varios hemos muertos pues es cierto, pero los busca insectos nos llamamos asó por haber sobrevivido a Cruxar la araña. Y aquí todos nos hacemos indetectables gracias a la sabia color ambar. Ahora viene mi propuesta… quieres pertenecer a nuestro gremio?

Jansen no lo dudó demasiado y aceptó.

Aquiles sabia que aceptaría y así le marco el hombro de Jensen con un metal hirviendo con el signo de los busca insectos.

Aquiles le dijo:

- Ya que iras hacia el sur te tengo el primer trabajo para ti. Debes dar con Nahum nuestro antiguo lider, él hace tiempo se fue por el pasadizo de Cruxar a buscar algo de mucho valor, era el que mejor conocia las cuevas y me dejó a cargo a mi. Tienes que decirle que aqui en la ciudad todo esta bien... y tienes que entregarle esto.

Aquiles le entregó un pequeño cofre de bolsillo. Jansen aceptó la mision y no hubo mas nada que hablar. Aquiles apretó sobre una madera saliente y las camas que contenían las armas volvieron a la normalidad por un mecanismo. Le invitó a salir del lugar por un pasadizo secreto.

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Athanasius, Bregor, Idril y Loroliel se asearon en la taberna al regresar. Desde allí se marcharían hacia la herrería aunque Bregor prefirió quedarse y comer algo él solo.

Loroliel fue a buscar algo de ropa nueva para los más desalineados, Athanasius fue a conseguir algún arma pero no tuvo éxito pues el herrero no quería cambiarle nada de valor. Athanasius, una vez Loroliel le entregó la ropa nueva se dispuso a cambiarse frente al herrero quien casi le propina un tremendo mazazo si Idril no le frenaba el paso.

Loroliel le pidió disculpa pero ante los incidentes que estaban ocasionando y el hecho de que Jansen no regresaba los ponía a todos nerviosos. Bregor acompaño a Loroliel a buscar más ropa, al parecer la elfa le había dado a la anciana de las pócimas una pulsera de gran valor a cambio de algunos bienes entre ellos ropa. Al regresar Jansen estaba allí en la herrería y junto a él un sujeto.

Todos querían comprar algunas cosas que supuestamente este sujeto les facilitaría pero no sucedió así pues al parecer si no tenían dinero no conseguirían nada.

Jansen no sabía qué hacer pues parecía que los estaban bromeando demasiado y el culpable era Aquiles.

Luego de discutir unos momentos el sujeto les guió hasta la taberna donde habían dormido anteriormente. Athanasius les dijo a todos en secreto:

- No confio en estos sujetos, puede ser una trampa. Yo les esperaré fuera de la ciudad y será mejor que varios otros me acompañen.

Loroliel aceptó ir con él pues tampoco confiaba en los ladrones, solo en Jansen pero no le gustaba la situación.

Regor e Idril siguieron a Jansen y al sujeto pero más rezagados.

Jansen ya había entrado a la habitación, detrás de él Idril… Bregor antes de entrar miró hacia el tabernero quien le dijo:

- Alguien entró al lugar antes que ustedes, al parecer buscaban algo pero yo no vi nada.

Bregor entendió que podía tratarse de una trampa… no entendía la situación, fuese como fuese ingresaría.

Al hacerlo, todos vieron un arsenal de armas en las camas donde antes habían dormido, arcos, flechas, espadas largas, espadas cortas, virotes, ballestas, mochilas, etc.

Aquiles le sonreía a Jansen en medio del lugar:

- Vaya, que te pensabas chico? Pues elige tú y tus amigos lo que más les guste pero no abusen.

Jansen por fin le sonrió y les dijo a los demás que tomasen las armas que necesitaban.

Así lo hicieron todos, Idril tomó un arco y varias flechas, también tomó para Loroliel. Bregor solo para él dagas arrojadizas y otra mochila. Jansen tomo un arco, varias flechas, mochilas y también armamento para Athanasius que no estaba allí. Una vez Idril y Bregor salieron Jansen se retrasó un momento y le dijo a Aquiles:

- Vaya que me hiciste creer cosas.

Aquiles le sonrió nuevamente y fue hacia un extremo del lugar:

- Tenía que probarte chico, tu me entiendes. Pero veo que eres leal y con mucha capacidad. Solo me falta que me presentes a la niña elfa pues parece que tu amigo el mudo, el de las orejitas largas y el otro desnudista pues… no saben apreciar mi bondad.

Jansen asintió:

- Lo sé y lo siento, es que ellos no entienden cómo se maneja esto. Yo te lo agradezco Aquiles.

El líder de los busca insectos le entrego un frasquito color ámbar a Jansen:

- Eso de que varios hemos muertos pues es cierto, pero los busca insectos nos llamamos asi por haber sobrevivido a Cruxar la araña. Y aquí todos nos hacemos indetectables gracias a la sabia color ambar. Ahora viene mi propuesta… quieres pertenecer a nuestro gremio?
Jansen no lo dudó demasiado y aceptó

Aquiles sabia que aceptaría y así le marco el hombro de Jensen con un metal hirviendo con el signo de los busca insectos. Aquiles apretó sobre una madera saliente y las camas que contenían las armas volvieron a la normalidad por un mecanismo. Le invitó a salir del lugar por un pasadizo secreto.

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Athanasius habían recogido los caballos y salieron fuera del pueblo para así esperar a los demás y dirigirse hacia el sur al bosque de los elfos donde Loroliel pretendía llegar y todo el grupo la ayudaría pues solo faltaban cuatro días antes de que sufran de la invasión.

Loroliel había ido a buscar ayuda a Absalon en Dorothe pero al darse cuenta que este no era quien le dijeron se fue de la ciudad junto con Idril, Jansen, Athanasius y Bregor quienes le ayudarían.

Athanasius parecía estar atento a lo que sucedía mas haya y en eso vio algo que le hico erizarse de nervios… un caballero de Doroteh cruzó una de las calles del pueblo de Andurant solo significaba una cosa… Absalon estaba en la ciudad.

Mando a Haku avisarles a los demás.

Idril, el primero en irse, vio a Haku y el aviso que Athanasius le había dejado. Se dio por enterado y escondido en las sombras fue hasta la salida de Andurant donde se encontró con Loroliel y Athanasius.

- Si absalon está aquí entonces estamos en problemas, tenemos que avisarles a los demás e irnos de aquí cuanto antes. Ustedes esperen fuera de la ciudad y esperen para que nos vayamos.

Dijo Idril a Athanasius quien le respondió:

- Bien, te esperaremos.

Idril se metió por las calles de Andurant mientras Athanasius y Loroliel se fueron alejando.
En el camino Loroliel le dijo a Athanasius de forma preocupada pues se sentía responsable por todo:

- Tendríamos que ir a ayudarles, no podemos quedarnos aquí sin hacer nada.

Athanasius asintió sin pensarlo demasiado.

Así fueron nuevamente hacia la ciudad…

Mientras tanto Bregor que no había salido de la taberna volvió en sus pasos al ver desde la ventana que había hombres de Dorothe preguntando por ellos. Jansen no había salido aun por lo que al volver a la habitación esperaba dar con él aunque este no estaba, ni tampoco Aquiles y tampoco las armas… la habitación parecía bacía… regreso al piso de abajo y el tabernero le dijo entre susurros:

- Te dije que alguien había entrado a su habitación para buscarles…

Bregor entendió en ese momento que no eran los ladrones de Aquiles sino que eran los hombres de doroteh…

Una vez los caballeros se alejaron del lugar Bregor salió de allí escondido pues pretendía ir hacia donde estaban Athanasius y los demás esperándoles…

Jansen por su lado salió con Aquiles y vio también desde su lugar a uno de los caballeros de Doroteh y le dijo a Aquiles:

- No, esos sujetos nos buscan… necesito que me des raciones para varios días por favor.

Aquiles asintió y le dijo:

- Bien, espera en la salida.

Jansen se disfrazó con una manta de caballo haciéndose pasar por un mendigo y se metió por las calles.

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Idril, escondido en un callejón, miraba los movimientos de los caballeros de Doroteh quienes se escapaban por una calle… no había visto a Absalon entre ellos por lo que esperaba a que este no estuviese aquí y dichos caballeros fuesen solo una patrulla que este hubiese enviado para buscarles a ellos.

En eso el elfo se giró y vio que Athanasius se acercaba hacia él junto con Loroliel y los caballos. Idril incrédulo y con molestia se dirigió a ellos y le dijo malhumorado:

- Que hacen aquí? Acaso no les dije que me esperasen fuera de la ciudad?

Loroliel intervino:

- Es que queremos ayudarte.

Idril, aun nervioso:

- Nada de eso, vayan hacia allí los dos y me esperan, acá solo provocaran más peligro.

Athanasius dijo.

- Yo me quedare a ayudarte, que vaya Loroliel hacia allí.

Idril miró seriamente a Athanasius pues los caballeros de Doroteh se aproximaban y ya no quería discutir más.

Loroliel asi se fue nuevamente lejos con los caballos siguiéndole pues había logrado un vinculo empático con ellos.

Jansen y Bregor vieron a Idril y Athanasius, los cuatro se juntaron pero justo en ese momento Idril vió lo que más se temía.

Unos siete caballeros fueron directamente hacia donde estaba Loroliel ya alejada pero a la vista, avanzaban a gran velocidad y a la cabeza de estos estaba Absalon…

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Athanasius, reconociendo el error de dejarla sola a Loroliel optó por llamar la atención de Absalon gritando fuertemente.

- Absalon !!!

Idril murmuró por lo bajo

- Maldición… varios vendrán hacia aquí pero Absalon ira por ella.

Al parecer el caballero blanco se dio cuenta de donde estaban y luego de dar unas indicaciones unos siete caballeros se dirigieron hacia ellos a toda carga.

Athanasius se dio cuenta de eso pero tarde, ya no había tiempo de lamentarse ahora solo tenían que luchar y sobrevivir.

Athanasius así invoco a dos aves guardianas las cuales detuvieron a uno de los caballeros luego se dispuso a correr.

Ahora solo quedaban 6 caballeros.

Los cuatro se pusieron en guardia y vieron como Loroliel al parecer le había enviado dos caballos para que pudiesen montarlos.

Idril corrió hacia adentro al igual que Athanasius, Jansen y Bregor se escondieron para atacarles desprevenidos.

Los caballeros se dispersaron siguiendo a cada quien.

Jansen y Bregor, en un callejón lograron detener a dos caballeros y hacerse de sus caballos.
Idril por su parte logro detener al caballero que le seguía.

Athanasius se metió en una casa bacía, subió por unas escaleras y al escuchar que el caballero que le seguía iba a subir, con todas sus fuerzas logró tirar un armario por las escaleras el cual dio con el caballero, acto seguido salió por la ventana del piso superior y cayó en la calle.

Bregor y Jansen lograron dejar fuera de combate a otro caballero y el único que quedaba en pie se dispuso a escapar.

Athanasius e Idril se subieron a los caballos que Loroliel les había enviado y junto con Bregor y Jansen que habían logrado nuevos caballos se dirigieron hacia donde Absalon perseguía a Loroliel a toda velocidad.

Desde donde estaban no podían ver a ninguno de los dos… solo vieron dos caballeros fuera de combate y dos caballos sujetados por raíces las cuales poco a poco estaban desapareciendo.

Jansen y Bregor se detuvieron ante estos caballeros heridos mientras que Idril y Athanasius siguieron galopando como podían pues pretendían dar con Absalon. Ambos vieron al caballo que había montado Loroliel herido a un costado del camino… todo indicaba que Absalon la había alcanzado…

Jansen sujetó al caballero herido mientras Bregor sujetó al caballero inconsciente. El monje estaba muy turbado por el secuestro de Loroliel y se dispuso a romper nuevamente su voto de silencio amenazando al caballero mientras sostenía al inconsciente:

- Dime que pretende hacer con la muchacha, dímelo o mato a tu compañero!

Jansen sostenía al sujeto quien dijo:

- No lo sé, Absalon no nos dijo nada, solo seguimos sus órdenes.

Bregor, que estaba como loco, le dijo:

- No mientas, habla o tu compañero muere!

El caballero herido sintió como Jansen le apuntaba con una daga en su espalda para meterle más presión y este transpirado solo dijo:

- No lo sé, se los juro, no lo se!

Jansen sin más rodeos le clavo la daga y acabó con su vida… Bregor, debido a su enojo por haber perdido a Loroliel, no dijo nada al respecto.

Athanasius mando a Haku a que viese donde estaban Absalon y loroliel y a los minutos regreso diciéndole que vio al caballo blanco en el cual Absalon y Loroliel estaban sobre este.

Asi Idril y Athanasius regresaron cabizbajos mientras Bregor y Jansen parecían meditar sin hablar…

Habian perdido a Loroliel y el malestar en el grupo era demasiado grande. Absalon la había secuestrado y parecía llevársela al sur.

Athanasius murmuró para si mismo:

- Después de todo, Absalon ira con ella hacia el sur…

Idril, totalmente enfadado, fue directo a Athanasius y le dio un golpe en el rostro el cual lo tiró al suelo.

- Por tu culpa se llevaron a Loroliel !

Athanasius se levanto dolorido pero más le dolía su conciencia pues para él era cierta… había sido su culpa.

Jansen asi le dio provisiones y armas a los que faltaban y les dijo:

- Nada me ata a este camino, regresare pues esta no es mi guerra, mi lugar está en Andurant.

Bregor, quien ya no quiso hablar le escribió una nota solo a él que decía

“No me dejes con estos idiotas, te necesito para vengarme “

Jansen así le escribió al Monje en la misma nota entregándosela y decía:

“No te preocupes, los vigilare de lejos “

Y así el ladrón se marchó.

Idril por su parte no quiso saber más nada con ellos y se dispuso a ir hacia el sur perdiéndose de vista.

Bregor parecía meditativo… pues se había sumergido en si mismo mientras athanasius junto con Haku, se subió a su caballo dirigiéndose a una dirección que no era ni el sur ni el norte… su objetivo era alejarse de todos y de todo…

Al fin y al cabo, la unión que el grupo podía tener Absalon se las había robado al secuestrar a Loroliel.

Las estrellas que cada uno de estos hombres tenía en su interior se había apagado y su destino había caído en un caos sin rumbo… pues ahora el grupo se había dividido a deseos individuales y objetivos que cada uno de ellos conocía por separado.

En las afueras de Andurant, ciudad de los Ladrones, habían sufrido el robo más grande que una persona puede sufrir… habían sufrido el robo de su camino como si por arriba de su anhelo individual solo hubiesen triunfado unos ladrones del destino.

-Fin del capitulo 4-